miércoles, 27 de octubre de 2010

PUIG en su laberinto


Comentario para “La anémona Vidente”

Cuando recibí la invitación, en tarjetitas artesanales con besos marcados de rouge (memorando Boquitas Pintadas?- pensé) y también la difusión por Internet (llegaron los tres motivos: en dos de ellos estaba Manuel Puig y una tercera sugería una lluvia de besos de colores…..); pues ahí supe que estaba ante una presentación “particular”.
La mañana de “Puig en su laberinto” empezaba a funcionar el 9 del 10: un evento morosamente distinto a otras exposiciones; una perfomance casi, dijo Susana R.
En la trastienda de Buchin Libros, Cristina convidó con licores rojo y verde, y souveniers envueltos en celofán rojo, cintas, besos y labiales.
Payné custodiaba, antes de hacerse cargo del DVD, el libro Laberinto de ficciones, ensayo sobre la obra de Manuel Puig, con una contratapa en la cual las divas salían para invitar a la matinée de Villegas…
Mientras el escenario se preparaba, Susana anuncia que estábamos escuchando un compilado en el que había grabado los tangos y boleros mencionados en las novelas y también “La distancia” de Roberto Carlos, que cubre el fondo dramático de “Sangre de amor correspondido”.
Nahuel apuntó el cañón del proyector y todo se transformó:
Acertadísimo el ambiente de sala de cine. Leandro Arteaga se desplazó cómodamente en su terreno, ofreciendo fragmentos de Gilda; de “El lugar sin límites”, de Donoso y que adaptara el guión Puig, aunque después debido a su inconformidad no apareciese en los créditos.
La función cerró con un obsequio inesperado: un reportaje donde el mismísimo Manuel explica la cocina de su escritura; la disyuntiva cine-literatura y la telaraña de “El beso…”.
La cadencia de la voz de Leandro Arteaga nos atrapó como niños fascinados en esta siesta de fabricado cinematógrafo.
Entonces, Clara Rebotaro, quien perpetuaba una Marlene del cine de Von Stemberg,
con varonil y erótico traje blanco, corbata y pañuelo en púrpuras “de celuloide” y Susana Rozas, de encaje negro y unos rulos que mostraba, mientras irónicamente hacía este comentario “un homenaje a la Hedy, tenía edad como para ser mi hija, tan bellas estas divas y a los 29 años llegaban al ocaso de sus carreras”, se acercan al micrófono dispuesto.
Rozas dijo haber invitado a Clara porque escucharla contar era, para ella, como adentrarse en las páginas de las novelas de Puig; su voz: la voz de los personajes. Esta afirmación tendió una red para que el despliegue de términos, vocabulario, anécdotas, chismes se tejieran junto con criterios estilísticos, estructuras narrativas, transfondos políticos, elecciones sexuales et caetare.
Entre un suspiro y un punto y coma, el periodista Raúl Astorga hace puntualmente dos preguntas sobre el método de trabajo con que se abordó el estudio y el ensayo de las ocho novelas. Aún, obnubilados, seguíamos con atención lo que simulaba una gran quimera.
Y repentinamente, se encienden las luces para avisarnos que afuera es día.
Mariana y Marcos Buchin, fueron unos admirables anfitriones en esta función que empezaba a concluir.
Estos son los protagonistas de la ilusión: “un sueño corto”, hubiera acotado Molina, pero “divino!!!”

susana rozas

Clara Rebotaro





Leandro Arteaga


Raúl Astorga


Payné López Rozas



Marcos y Mariana Buchin


Me fui con un libro que en este espacio no comentaré.

Eleonora Marín
Prof. en Lengua, Literatura y Comunicación Social.









Producción: Maira Máscolo mairuxagora@hotmail.com

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